LOÍZA-CANÓVANAS. “La gente está drenada, la gente está cansada”.
Así describió Modesta Irizarry Ortiz, lideresa comunitaria de Loíza, el sentir de los barrios cuando ayer en la mañana se le preguntó sobre la situación de falta de servicio de agua en el municipio.
Sus palabras eran eco de las expresiones emitidas por otros residentes de ese pueblo y del cercano Canóvanas, que igualmente está sin servicio de agua porque, según la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), hay un problema de contaminación en el río Canovanillas, de donde se suple la planta de filtración que distribuye el líquido a esos pueblos.
Para don Rafael Romero Escalera, un hombre de 71 años residente de la comunidad Torrecilla Baja, en Piñones, el “horrible” problema con el agua, “es ya una costumbre”, pues llevan “como tres meses” sin ella.
“Desde mucho antes que pasara el problema allá en Acueductos, en mi casa no había agua. Estamos hartos, cansados”, comentó, mientras, bajo el abrasador sol camino al mediodía, terminaba de llenar unos cubos en el oasis establecido en la comunidad.
Don Rafael, sin embargo, se tomó un momento para agradecer a la alcaldesa de Loíza, Julia Nazario, asegurando que “se ha portado excelentemente bien con nosotros”.
Afortunadamente para don Rafael, en esta ocasión no cargaba él los cubos, pues lo hacía el joven Edey Joel Romero, quien “vino a pasar el Día de los Padres conmigo, y se ha quedado unos días”.
“Pero él se me va ya mismo, porque vive allá en Estados Unidos”, lamentó, agregando que, una vez el joven viaje, tendría que cargar los cubos él, “poquito a poquito, con la esposa mía”.
“Y yo soy una persona que para mayo del 24 me dio un infarto, y ya no soy el mismo. El infarto me dañó las piernas”, sostuvo.
“Estamos desesperados. Por aquí hay muchas personas mayores de edad. Hay más personas mayores de edad que juventud”, insistió don Rafael, quien, en medio de tanta frustración, indicó que “no quiero ni hablar ya de la situación”.
No lejos de allí, en el oasis en una de las entradas del residencial Yuquiyú una decena de personas hacía fila junto a un montón de cubos y otros recipientes, una rutina que, según narró la joven Joshoalys Berríos Ortiz, tiene que hacer diariamente.
“No tenemos el agua desde hace mucho tiempo. Ya vamos como para un mes en el transcurso de tener que subir y bajar los cubos. Y en este residencial tenemos muchas personas ancianas, con niños. Y es cansado, porque es algo que se necesita”, aseveró.
“Esto es todos los días. Siempre que traigan un camión hay que estar pendiente para bajar con los cubos y poder llenarlos para tener el agua. Cargarlos todos los días, un cuarto piso, un sube y baja, diariamente. Y no es fácil. Estoy cansada”, reiteró.
Sostuvo que la situación es particularmente “difícil para las personas mayores, porque algunos están encamados, no pueden salir de sus hogares. Y no siempre cuando viene el camión avisan, y hay personas que se quedan algunas veces se quedan sin tomar el agua”.
“Es terrible, sinceramente. Es algo que es inaceptable”, insistió. “Todo el mundo tiene la misma queja, y la misma preocupación, porque como dije hay muchas personas adultas (mayores), tenemos muchos niños… es inaceptable. Todo el mundo está disgustado”.
Mientras, en el barrio San Isidro, en Canóvanas, se repetía la frustración entre la gente.
En casa de Brenda González, cuyo padre es un adulto mayor que depende de una silla de ruedas, un camión cisterna estaba llenando varios recipientes.
“Con eso hay que bañarse, para el toilet, para cocinar, para todo. Es frustrante. Yo nunca había vivido esto así. Es algo que estoy viviendo por primera vez. Prefiero mejor no tener luz a que no tener agua. El agua es esencial para todo”, lamentó.
“Hay muchas personas que están pasando por esto. Y más los encamados. Es triste”, insistió.
“El gobierno está tremendo. No sé exactamente qué decir. Es una situación horrible, horrible para las personas. Más para los que están encamados, las personas mayores, y los nenes, con este calor. Esto es horrible”, reiteró.
La líderesa comunitaria Irizarry Ortiz exhortó al gobierno a “agilizar el proceso” de ayudar a las comunidades afectadas. Indicó tener conocimiento “de que el agua embotellada que está llegando es a través de otras organizaciones”, cuando “yo sé que hay montones de almacenes llenos de agua embotellada, por miles y miles y miles, y alguna de esas que si no se usan se va a dañar”.
“Mi día a día es fuerte. Ahora mismo esta mañana salí con mis cubos a coger agua como cualquiera. Es drenante, es cansón. El dolor de espalda lo tengo hace días. Llevo tomando medicamentos relajantes y antiinflamatorios una semana, porque ya el dolor no lo aguanto en los hombros”, comentó.
“Es drenante, es triste. Hay momentos de llanto. Porque tú no tienes los recursos, quizás económicos, y otras herramientas, para resolverle inmediatamente a otra persona. Pero yo soy de las que, si llegó algo, como el jueves que llegaron las meriendas, pues un poquito pa to el mundo. Pero no todo el mundo tiene esa oportunidad, agregó.
La lideresa comunitaria aprovechó para hacer un llamado a “mantener la calma” y “pedir ayuda” para buscar agua si lo necesita.
“Si usted puede buscar agua, bien. Si puede comprarla, bien. Si no, pida ayuda. Hay que pedir ayuda. No se sienta avergonzado, porque todos estamos pasando por este proceso”, exhortó.
“Y vamos a respetar a los camioneros. En otros pueblos, he tenido conocimiento, que han tratado de agredir a los camioneros, hasta trepársele encima de los trucks. Y no gente. Somos personas civilizadas, y vamos a agradecer de que ellos, que son empleados de Acueductos o de la compañía que fueran, con buena fe son gente que madrugan. Aquí vinieron camioneros de Arecibo, de Quebradillas, de Hatillo, hasta de Aguadilla, que salían a las 2:00 y las 3:00 de la mañana de su pueblo para venirnos a atender a nosotros.O sea, yo creo que somos más que bendecidos en ese aspecto de que, en medio de la crisis, haya otros pueblos o compañías solidarias, que están en la disponibilidad de venir y traernos un camión cisterna”, comentó.
“Así que yo bendigo a quienes nos bendicen, a los que nos llevan en oración”, agregó.
Por último, reflexionó que “se habla mucho de Loíza, que si es un pueblo violento y qué se yo. Pero el gobierno de alguna manera u otra ha sido violento con nosotros. Sumamente violento”.
“Esto es violencia. El querernos atacar muy sutilmente, y no tomar las medidas correspondientes para que nosotros tengamos agua, es una falta de respeto y una incitación a la violencia”, condenó, al tiempo que llamó a que “esta situación política, discriminatoria, pues vamos a hacer un alto. Loíza se merece respeto”.
